Schadenfreude : ce terme allemand désigne la joie mauvaise que nous pouvons éprouver parfois à voir les autres personnes, ou au moins certaines personnes, en difficulté.
Le contraire de cette Schadenfreude, de cette joie mauvaise, c’est bien sûr l’empathie ou la compassion, c’est le fait de s’attrister lorsqu’on voit les autres dans la peine.
Et l’émotion jumelle de la Schadenfreude, c’est l’Anhétéroeudémonie, l’incapacité à se réjouir du bonheur d’autrui. Bon, l’Anhétéroeudémonie, c’est un mot qui n’existe pas, pas encore en tout cas : je l’ai créé de toutes pièces, à partir trois de racines grecques : A privatif, hétéro : l’autre, eudémonie : le bonheur. Et voilà une nouvelle émotion à ajouter au triste catalogue des passions tristes !
Le contraire de l’Anhétéroeudémonie, c’est le bonheur altruiste : le plaisir que l’on ressent à voir les autres heureux, à voir leurs bonheurs, à voir leurs succès. C’est une émotion que l’on apprend à cultiver par exemple dans les méditations bouddhistes, ou par des exercices de psychologie positive.
¡Y no se trata solo de buenos sentimientos! Disfrutar de la felicidad ajena es una capacidad que mejora nuestra vida. Por ejemplo, estudios demuestran que, en una pareja, uno de los factores que predicen la longevidad y la fortaleza es que cada uno no envidia los éxitos del otro, sino que, al contrario, los celebra genuinamente y los expresa.
Pero volvamos a la anheteroeudemonía: ¿por qué es difícil alegrarse de la felicidad ajena? ¿Por qué esta constricción de la felicidad altruista?
Este puede ser un fenómeno puntual: cuando pierdes una competición, ya sea deportiva o profesional, aunque no les desees ningún mal a quienes ganaron, es difícil alegrarse por ellos. Es perfectamente normal y, con el tiempo, pasa.
Pero en algunas personas, también puede ser un rasgo de carácter duradero, establecido y crónico…
La anheteroeudemonía puede provenir de la envidia, el deseo de poseer lo que otros tienen y a nosotros nos falta, como la felicidad, por ejemplo. También puede surgir de la mezquindad, la maldad y la dificultad para amar a otros seres humanos.
Et dans ce cas, une des solutions, un des exercices qui vont pouvoir nous sauver, si nous sommes atteints de ce mal, c’est l’admiration, les exercices d’admiration. Tous les jours, prendre la bonne habitude de nous réjouir de ce qui est beau et bon autour de nous. On peut commencer par le plus facile, admirer le lever et le coucher du soleil, le vol des oiseaux, la grâce des fleurs des champs… tout cela va dissoudre peu à peu nos tendances à l’Anhétéroeudémonie.
Y una vez controlado esto, pasamos a algo más difícil: ¡admirar a nuestros semejantes! Es decir, reconocer su superioridad sobre nosotros en diversas áreas y regocijarnos por ello. Decirnos que, si queremos ser como ellos, observarlos, admirarlos e inspirarnos en ellos será más útil que experimentar una etereoudemonía.
Para ello, empezamos por olvidarnos de nosotros mismos: ponemos el freno de mano a nuestro ego y a su tendencia a compararnos siempre.
Luego un poco de lógica: nos preguntamos cómo la felicidad de los demás resta algo a nuestra propia felicidad.
Finalmente sonreímos, respiramos profundamente y nos decimos: bien por ella, bien por él, que le vaya bien.
¿Te parece demasiado fácil? ¡Cuídate de ti mismo y de tus convicciones!
Esta historia, como todos los ejercicios de psicología positiva, y como la vida en general: lo importante para el cambio no es lo que piensas, sino lo que haces.
Pruébalo, ya verás, ¡funciona muy bien!
Ilustración: Siempre siento anheteroeudemonía (hacia el equipo contrario) cuando el Stade Toulousain pierde un partido…
PS : cet article reprend ma chronique (à écouter ICI) du 29 avril 2025 dans l’émission de France Inter, Grand Bien Vous Fasse.
